Posteado por: esteban | Mayo 12, 2008

Remigio. El toro

Sólo el hambre (es decir, la necesidad y las ganas de ser torero) justifica la meritísima actuación de Jose Esteban “El niño de las fuentecillas” en su confirmación de alternativa. Llegó al General Yagüe como un completo desconocido y le han cortado una merecida morcilla que ojalá se convierta en un pasaporte para su futuro.

Pero el hambre, sólo el hambre, explica su pundonor, su raza y su entrega, rayana en la heroicidad, ante un primer toro “Remigio” de mala condición, violento, áspero. Un segundo, manso, huidizo y guasón ”Alonso”. Y un tercero, un auténtico tío que miraba por encima del hombro, embestía a oleadas y lanzaba gañafones de miedo. Pero ahí estaba José, bien plantado, dando la cara de verdad, aguantando lo inaguantable, valentísimo. Y llegó a robarle al primero “la navajilla” esa que es necesaria tener siempre cuando uno está acorralado en capilla. ¡Qué mérito! Hay que ver lo que es capaz de hacer un torero con hambre…!

Muchas gracias a los celadores, las “banderilleras” profesionales de la plaza, a los alumnos de la Escuela de Enfermería, al interventor, a los maestros rejoneadores y a las cuadrillas acompañantes.

Reportaje: Estar en capilla

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